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© 2026 Las Lechugas Colectivo Escénico. Proyecto independiente apoyado por el Sistema de Apoyo a la Creación y Proyectos Culturales de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y Área 51 Foro Teatral. Xalapa, Veracruz. Todos los derechos reservados. El material aquí presentado es para fines de difusión cultural y artística.

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Agradecimientos:

Esta deriva, "CAMINAAR: Mérida", no habría sucedido de no ser por Raquel, Pedro, Oscar, David, Itzel, Humberto, Erik, Elena, Karla, Gilberto, Liliana, Katia, Freddy, Sergio, Cholo, Alejandro y a las vecinas anónimas de Merida que participaron en  entrevistas fugaces, charlas y conversaciones, a todas las trabajadoras de la Quinta Montes Molina, al Festival internacional de la Rendija, el bar restaurante El Templo Gastro-Barrio y al público presente durante las funciones del verano de 2021. 

CAMINAR: Mérida

CAMINAR: Mérida

Caminar no sólo es el acto de avanzar, es la mirada del que observa y el ojo que mira a quién transita, es el camino andado y el que falta por recorrer, es el sitio al que queremos llegar y también aquel del que deseamos huir; caminar es también detenerse, regresar, cambiar de ruta, suspenderse, es silencio, paisaje y reconexión.

Aterrizamos en Mérida, Yucatán, es otoño y nos recibe un calor de verano. Ésta vez es el X Festival Internacional de Teatro de La Rendija quién nos invita a residir para hacer el espectáculo de cierre. En esta ocasión decidimos trazar el recorrido en la ciudad, en medio de luces, música, restaurantes, ruido, gente, autos, feminicidios, arquitectura colonial, marquesitas con banana y caos, mucho caos. ¿Cómo actuar en una ciudad con tanto que ver?, ¿cómo hablar en medio de tanto ruido?, ¿cómo sumar entre tanto exceso?

Mérida y sus calles largas, vivas y rectas nos sugieren hablar poco y señalar mucho, intervenimos la ciudad, sus monumentos, plazas y edificios,  pegamos señales con carteles y juegos de palabras, entramos en una antigua quinta de un hacendado del henequén para descubrir sus historias pasadas y las gentes que la habitaron, rebautizamos nombres de calles y monumentos, hablamos con estatuas, observamos las estrellas del cielo combado yucateco y al terminar, bebemos cerveza fría. 

El mayor descubrimiento de esta presentación fue darle un arma a cada espectador, algo para guiar el camino colectivo, para confrontarnos con el presente, con lo innombrable y lo invisible: una linterna. Con ella los espectadores disparaban a todo detalle que les llamaba la atención, nos disparaban a nosotros, a las señales que dejábamos en el camino, a las pintas, las pisadas; dirigiendo así, en algunos momentos, el transcurrir del recorrido.

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